Hiru


Sobre los artístas:

Historia: JJLópez: Escritor virtual. Especulaciones mentan sobre su nacimiento y hospedaje en nuestros pensamientos, un sub producto del inconsciente, generado por las ansías de leer Cyberpunk... Su Blog una página vacía en el infinito ciberespacio, genera en la mente una novela online, cada ocasión que un usuario despertado entra en Post-Cyberpunk.

Lápiz: Óscar Font: Estudio Bellas artes y diseño grafico. En su haber encontramos el corto de animación en stop-motion "Grolen", junto a varios trabajos audiovisuales promocionales. En la actualidad se encuentra inmerso en varios proyectos ilustrativos junto a Pablo DeScals, destacando la realización del comic-book "Our Darkest Hour" (titulo provisional) de próxima publicación

Color: Pablo DeScals Nombre artístico; Kessp: Diseñador grafico profesional con amplia experiencia en el medio audiovisual y más recientemente en publicidad.
Ilustrador, entintador y colorista, trabaja en varios proyectos de próxima aparición junto al ilustrador Óscar Font

Música: David M. Cantos aka Zettabyte: Dj y productor, trabajador de la televisión que, entre muchas otras cosas ha participado en el festival de arte independiente Incubarte, y es responsable del trabajo sonoro de producciones Hay Don't, e integrante del grupo de música experimental Usuario73 junto con Pedro Verdejo.

Para una correcta lectura se recomienda escuchar el siguiente tema creado por Zettabyte especialmente para esta historia:

Blog de la novela principal: Post-CyberPunk
 
Hiru Capítulo 1

Lápiz: Óscar Font. Color: P. Kessp.

Caía el atardecer en el kilómetro 227 de la autopista que unía la desaparecida Barcelona con las tierras del levante valenciano. Un mash-up de hardcore punk del viejo God save the queen de los Sex Pistols amortiguaba el sonido de las 16 válvulas quemando gasolina, de un extraño vehículo que volaba metafóricamente sobre el asfalto.
Al volante cantando el estribillo de la canción, estaba Hiru, una enjuta mujer de tez blanquecina y rasgos orientales, híbrido étnico gestado de padre caucásico y madre asiática. Con cada golpe de cabeza al compás de la música, el flequillo donde terminaba su cresta multicolor, se meneaba colándose entre los ojos. Con las manos iba retirándoselo, este movimiento sin importancia de no llegar a estar conectada directamente al sistema virtual del automóvil le hubiera dado algún que otro susto. Pero para una ciberpiloto, carecía de la mayor importancia.
El equipo neuronal era el encargado de traducir los impulsos nerviosos del cerebro a los sistemas de dirección, control de velocidad y demás, del auto, el uso del volante era meramente por el placer de conducir, podía controlarlo con un solo pensamiento.
En el Parabrisas se iluminó un rectángulo verde, indicando una anomalía en la carretera, realmente el cristal delantero no mostraba nada, pero al estar conectada con el coche se complementaba con el resto de los implantes. Sus ciberópticos eran unos eYeS-Car Lemans, unos ojos tecnológicamente diseñados para adaptarse al pilotaje, a través de ellos veía un entorno virtual en el interior, desde múltiples funciones de salpicadero como era el equipo virtual de música, a un datos de la carretera en el cristal.
<<Reducir velocidad, centrar imagen, ampliar>> ordeno mentalmente.
La imagen de la lejanía, que había detectado como anomalía el radar era un gran accidente de múltiples coches, no se veían fuegos ni personas y los autos tenían diferentes capas de polvo por encima, todo indicaba que el envite sucedió en un pasado relativamente lejano.
Hiru conducía un arcaico Studebaker del 37, o eso parecía en apariencia, realmente, solo tenía el chasis de ese vehículo de museo, había sido todo remodelado en su interior con piezas de nueva generación, pero el chasis era un seguro de vida, hecho con hierro, podía envestir a otros coches sin tan siquiera arañarse. La parte trasera era una pequeña cisterna de también hierro, totalmente reforzado en su interior con placas anti balística, para evitar salir por los aires si le penetraba una bala.
Realizo diferentes sondeos con el radar para determinar si estaba realmente sola, con cierta cautela cogió su fusil de asalto y lo atavió en la espalda, pero a mano, se equipó con un pequeño set de herramientas y con un bidón de cinco litros vacío, para transportar gasolina. Su negocio era ir rapiñando gasolina de coches abandonados, gasolineras y cualquier cosa que pudiera extraer, para llenar su aljibe y más tarde en núcleos urbanos, como pueblos o pequeñas ciudades, comerciar con el oro negro a cambio de comida y otros productos vitales.
Se desconecto del Studebaker, la conexión de Red, la tenía alojada en el brazo diestro, se había hecho un tatuaje del Yin Yan, aprovechando los dos agujeros en la carne, al sacarse el conector, todo el universo 3D Virtual del interior se desvaneció, resopló y realizó una mueca de desaprobación, por encontrarse en el mundo puramente real.
Cautelosa, fue avanzando, hacia el gran embotellamiento de coches…
Hábilmente usando el destornillador rompía el cerrojo del tapón de gasolina e introducía un tubo de goma, al extraerlo verificaba si el tubo quedaba impregnado del oro negro. Fue repitiendo concienzudamente la operación… El azar se decantó de su lado al encontrar un depósito medio vacío.
Aspiró fuertemente a través de la goma hasta que se le llenó la boca de petróleo refinado, con premura insertó el extremo en el bidón y escupió. <<Lástima que sean tan caros los chicles>> lamentándose en pensamientos, sacó un trozo de caucho y lo masticó emulando el efecto de la goma de mascar, su sabor era insípido, pero engañaba a sus papilas segregando saliva necesaria para ir eliminando a base de esputos el nauseabundo sabor de la gasolina.
Un ruido que no pasó desapercibido llamó la atención de Hiru, cuando se giró, vio de lejos el vaivén de un maletero abierto, hizo acopio de recuerdos: << Estaba cerrado cuando he pasado, creo que estaba cerrado >>.
Despacio empuño el fusil de asalto Cyberdyn M7A7, echó un vistazo al bidón y emprendió el camino en dirección a la fuente de la duda. Con sumo cuidado iba avanzando, cada punto muerto para su visión, podía ser un escondrijo para lo que fuere que había salido del maletero.
 
Unos ojos imposibles de detectar, miraban atentamente a través de una minúscula oquedad en la chapa de otro maletero. La observaban, la escudriñaban, estudiaban cada uno de sus movimientos; como andaba, para dónde encañonaba primero entre punto ciego y punto ciego que buscaba.
La Ciberpiloto, llegó al sitio de autos, miró a su alrededor, a través de la mirilla de su Cyberdyn, si algo se movía, no dudaría en abrir fuego.  No eran tiempos para preguntar y más conduciendo una gasolinera móvil, oro negro transportaba, codiciado y deseado por todos los que parasitaban el Yermo. 
La respiración muda del interior del porta equipajes sonaba ahogada, lentamente evitando realizar el menor ruido, fue girando una arandela improvisada a modo de cerrojo, se olía en el ambiente que pronto sería el momento de salir del escondrijo, solo estaba allanando el camino.
La caucásico-asiática, después de no encontrar rastro alguno, por las inmediaciones, miró fijamente el interior. No parecía haber gran cosa, algo de basura y una manta que cubría un bulto, hizo las comprobaciones pertinentes. No fuera a existir algún cable extraño que activara una trampa, como cabía esperar, no encontró nada.
<< Seré estúpida, como alguien va a poner una trampa bomba para matarme, al precio que están las granadas >>
Inspiró hondo y tiró de la manta, la curiosidad fue su peor aliado. Debajo se apreciaba una cámara de fotos con un gigantesco Flash.
En las inmediaciones, dentro del habitáculo para equipajes ocupado por unos ojos amenazantes, se escuchó el ligero sonido de un disparador, un mínimo “click” fue suficiente, para activar a distancia la cámara, que disparo a boca jarro el Flash.
Las retinas de Hiru se dilataron en una centésima de segundo para retener toda la luz, cuando escuchó el violento sonido del maletero adyacente abriéndose, se giro rápida, pero sus dilatadas pupilas, solo percibieron una sombra que se abalanzaba sobre ella.
<< Mierda de ciberópticos sin protección contra flash>> solo tuvo tiempo de formular un pensamiento.
La sombra que mal desdibujaban los eYe-Lemans, era la de una forma humanoide, delgada como casi todos en este nuevo mundo, ataviada con harapos y una vieja mascara de gas de tiempos muy lejanos, en alto portaba un tubo de cañería. El cual descargo con suma rapidez contra el arma de Hiru, partiéndole en múltiples pedazos la mira telescópica.
Sorprendida y desorientada, no pudo sostener el arma, el fusil se le cayo al suelo quedándose colgado de las cintas elástica que lo aferraban a su cintura y espalda. Desarmada y confusa, como acto reflejo se cubrió la cabeza con ambas manos, mientras encogía ligeramente el cuerpo.
Un golpe seco, ejecutado con la rodilla de su atacante, le extrajo todo el aire de los pulmones y la hizo postrarse. Sin apenas intervalo para reacción, sintió en su omóplato izquierdo y parte de su espalda el doloroso peso de la tubería, reventando pequeñas venas superficiales, dislocándole el hombro y dejándola casi inconsciente por el tremendo dolor.
Su atacante, sin descanso con ambas manos elevó el arma, centró su objetico en la cabeza de Hiru y descargo con contundencia… Por pocos centímetros no alcanzó su destino. Hiru rodó lo rápido que pudo por debajo del coche y esquivó el golpe poniéndose a cubierto.
Sin pensárselo dos veces, el enmascarado atacante, mientras su victima gateaba buscando el centro de los bajos del auto, dio un golpe horizontal impactándole en el tobillo derecho. La ciberpiloto aulló de dolor, posiblemente fuera una fractura o algo similar.
Hiru no se detuvo por el dolor del pie, estiró con fuerza de las cintas elásticas para atraer su arma. Tenía que actuar veloz, gateó en sentido opuesto a la posición del harapiento asaltante. Éste tan deprisa como sus piernas le permitieron rodeó el coche, no fue lo suficiente rápido para llegar antes que la ciberpiloto sacara parte del torso y lo más importante, su M7A7 . Se intento frenar en seco, para darse la vuelta, durante un instante, fue un mejor blanco, para una ráfaga de tres.
El primer impacto alcanzó el pecho atravesándole la caja torácica, quedándose alojado en el pulmón. La segunda bala entró por el hombro, haciendo un extraño al chocar con el hueso, desvió su trayectoria en una décima buscando quedarse incrustada o crear un orificio de salida, el rebote la hizo desplazarse hacia abajo rasgando músculos y tentones, hasta que salió por la espalda creando un agujero cuatro veces superior al diámetro de entrada. La última bala de la ráfaga falló y se perdió.
Los impactos tiraron de espaldas al asaltante de carreteras, desarmado y abatido, no representaba ningún peligro, así que tomándoselo con calma, para no lastimarse más de la cuenta el tobillo salió reptando.
Se incorporó y miró el rostro del agresor. Por la falta de oxigeno, al tener un pulmón destrozado, habíase despojado de la máscara antigás, mostrando el rostro de una niña de no más de catorce años a la vista, con cada bocanada de aire que inspiraba por la nariz un borbotón de sangre roja proveniente del interior del cuerpo asolaba por la boca acompañando el proceso de respiración. Se había ladeado lo poco que su maltrecho cuerpo le permitió, para ir escupiendo la sangre.
Por un momento, pensó en rematarla y evitarle una agonía que se iba a alargar durante bastantes minutos, pero la munición escasea lo suficiente como para malgastarla en buenas acciones y si no era de un disparo, tendría que ejecutarla con el destornillador.
Solo hay dos maneras de dar el golpe de gracia con un destornillador, con un impacto seco en el pecho, que perforara hueso y corazón, esa opción precisaba de un martillo o algo contundente. La segunda forma era introducirlo rápidamente por el lagrimal y alcanzar el cerebro. Pensó durante un instante y tomó la decisión de manera egoísta, sin lugar a dudas la más cómoda de realizar.
Cogió el bidón de gasolina, se aproximó a la moribunda, se agacho, le sustrajo la mascara anti gas y continuo de largo cojeando hacia su vehículo sin hacer nada, mientras murmuraba…
-Muere como has vivido niña, sola y en la carretera.


Hiru Capítulo 2







En una de las salidas de la AP7 el Studebaker de Hiru se cobijaba de ojos curiosos en el recoveco de un puente. Había detenido su viaje a kilómetros de la entrada a la vieja Valencia, escuchando música dejaba pasar las horas cómodamente, mientras miraba los garabatos de NV (Nueva Valencia) dibujados en un obsoleto mapa. Lucía un sol de justicia tan agobiante como peligroso, para el nómada que se aventuraba por calles llenas de escombros con la claridad del día.
NV poseía una muralla circunvalando la huerta, parte de Benimaclet, un resquicio de la malvarrosa y la Patacona. De los cinco accesos solo uno estaba habilitado para comerciantes. La entrada situada al Oeste obligaba a cruzar las ruinas de la que fue tercera ciudad peninsular. La noche era un buen compañero para ese viaje, en otros tiempos la delincuencia usaba el manto nocturno para realizar fechorías pero en este futuro incierto sin apenas energía, la noche era negrura y una buena coraza de ofuscación para una ciberpiloto que conduce sin la necesidad de faros.
Mientras perfilaba la ruta nocturna hasta el parking-estadio donde solía dejar el coche. No pudo evitar una vieja costumbre. Tenía debilidad por mordisquear su colgante; un Ojo de Estambul… Casi de forma automática lo busco con la mano por el cuello, no lo encontró e indagó manoseándose el pecho, mientras continuaba absorta rotulando el mapa. A los pocos segundos se percató de la realidad, el colgante: No estaba.
Tiró los mapas y los rotuladores de mala manera en el asiento del copiloto, con ambas manos mientras se palpaba por el cuerpo. La desazón incrementó su acaloramiento, incluso se quitó la camiseta. Dejó de buscar en sí misma y se centró por el interior del coche, tarea ardua debido al desorden. Incluso planteó hacer limpieza, ese collar lo llevaba al cuello desde que tenía uso de razón, era el único recuerdo que le quedaba de antaño. Como todo objeto de valor sentimental poseía una nostálgica historia al respecto.
Golpeó con fuerza el volante y maldijo. Jadeante, sofocada y cabreada hizo acopio de recuerdos preguntándose: << ¿Dónde coño lo he dejado, ostia>>
No fue capaz de recordarlo… << Tiene que estar en este puto coche, por narices>> Con ese pensamiento intentó relajarse. No era sitio ni momento para ponerse a rebuscar profundamente, sacando alfombrillas y realizando una limpieza exhaustiva.
 Tomó la decisión de ordenar el interior del vehículo al siguiente día por la mañana, con el cobijo que otorgaba el parking de alquiler custodiado por los soldados de NV. <<Eso es, ¡mañana! Más tranquila y en un sitio seguro, limpiaré afondo… Ufff no recuerdo la última vez que lo hice, espero no encontrar un dinosaurio disecado o algo así>>







En el mismo instante que Hiru se daba cuenta de la perdida del Ojo de Estambul. A pocos kilómetros de la entrada de la playa en Vieja Valencia.

Desde la mirilla de un fusil de cerrojo para la caza del ciervo, un asaltante contemplaba como paseaban a plena luz del día un grupo de cinco hombres y una mujer, andaban en fila por uno de los carriles de la avenida Blasco Ibáñez. El camino era inevitable para acceder a NV si se viajaba desde el sur por la costa. Se posicionó y empezó a bajar la respiración para abatir a uno de ellos. Su misión era abrir fuego en el momento saliera el grupo escondido en la calle.
Pasó la cruz por los diferentes hombres, seleccionó al último del grupo; no era el más grande ni tampoco portaba armas a la vista, pero a su espada atado con dos cuerdas emulando una mochila llevaba un pequeño armario. En caso de salir todos corriendo y poder escapar, por lo menos aseguraría el botín de su interior.
De la zona verde que separaba los carriles de ida y venida, salió un grupo de forajidos; dos de ellos armados con pistolas de bajo calibre, un tercero con un hacha de bomberos y el cuarto con un bastón terminado en una punta metálica. El portador del hacha empezó a menear los brazos dirigiéndose al balcón donde se apostaba el tirador. El resto en un notable estado de no agresión se dirigieron al grupo, que algo sobresaltado mantenía la calma incluso se vieron sonrisas entre ellos.
Agazapado en lo alto, pasaba la mira de uno a otro intentando imaginar que sucedía, por qué no habían salido a degüello a por los de cabeza, como tantas otras veces. El viajero de piel negra incó rodilla en tierra y se puso a desatar unos fardos alargados de la mochila, los manipuló uniéndolos entre sí y se levantó mostrando una Pica de Juego.
Desde abajo el grito ahogado por la distancia cobró sentido para los oídos del tirador, ahora ese eco claramente decía:
-¡No dispares son Jugadores!

En unas horas había corrido la voz de la llegada de Jugadores al Paso levantando la expectación popular. En un era; sin televisión, ni radio, ni absolutamente nada y que todo giraba alrededor de la supervivencia, los Jugadores en mayúscula eran el último resquicio de diversión a la que aspiraba la moribunda sociedad.
 No disponían de grandes fortunas como los deportistas de antaño, el mundo era pobre. Pero si gozaban de cierta protección y respeto otorgándoles una bula para andar libres de atracos entre ciudades. No todos los días se podía ver un partido del Juego. Era más grato el espectáculo que los pocos alimentos escudriñables en caso de asaltarlos.
 El equipo carente de nombre como todos los conjuntos nómadas que practicaban el Juego, se encontraba reunido al completo alrededor de unos adoquines que ejercían el papel de mesa y sillas, en un modesto bar alojado en las ruinas de lo que fue una casa. Ahora reconvertida en un patio a la calle sin techo y con solo tres paredes. Daba el aspecto de terraza  estaba despejada para ver el ir y venir de la muchedumbre del Paso.
Sentados alrededor del apocalíptico inmueble escuchaban la voz diligente de Gerardo el más viejo del grupo: A medio camino de los sesenta años era difícil encontrarle dientes en la boca, tenía la piel acartonada y rojiza por el duro castigo que supone caminar por el yermo. Su función consistía en transportar los enseres generales dentro de un pequeño armario acomodado con cintas de mochila. Y al llegar a la ciudad negociar con los encargados de las apuestas para ultimar los pros y contras de los partidos.
-Son vuestros huesos y vosotros tenéis que decidir como queréis que os los partan;
¿Negocio con el equipo del Paso o el de Nueva Valencia? –dijo Gerardo.
El Piquero nigeriano dejó la taza de té sobre la mesa adoquinada: -Apenas tenemos comida, deberíamos cubrirnos la derrota enfrentándonos al equipo de NV, los equipos grandes pagan aunque ganen, seguramente perderemos pero llenaremos el estomago con algo más que té.
La mujer miró al resto de jugadores aún no había jugado con ellos ni sabía a ciencia cierta como se negociaba. La incorporaron debido a que en el último partido el corredor titular sufrió una grave lesión en la rodilla, dejándole apartado del Juego para siempre.
David capitán y jugador más veterano parecía ajeno a la conversación, su atención se centraba en los muros de NV perforando el interior a través de sus recuerdos y los días felices como ciudadano valenciano.
-Sacaremos mejor jornal si pateamos el culo al equipo del Paso, que sometiéndonos a la caridad que nos darán perdiendo contra las niñas bonitas y muy entrenadas del interior del muro. Yo no estoy con el piel negra, prefiero jugar a ganar. –Dijo rotundamente el que se hacía llamar así mismo; Dagon en honor a un dios mitológico ya olvidado.
-Pedazo de mierda xenófoba –gritó Fran el piquero mientras escupía al hablar acaloradamente –tengo la piel negra y la llevo con orgullo, pero tu no puedes decir eso de tu barrigón que apenas cabes en la armadura y no me vengas que es de comer, porque no comemos una mierda, puto ciclado venido a menos no eres nadie sin esteroides.
Gerardo se apresuró a interponerse. Era pura dinamita tener en el mismo equipo un inmigrante nigeriano llegado en patera pocos días antes del Botón Rojo, y a un ex militante político de extrema derecha.
-Calma cojones, esa mala folla guardarla para esta noche ¡Oh no comeremos nadie! –Miró a la nueva que permanecía callada y se dirigió a ella para distraer la atención -Tú novata, no tienes derecho a voto hasta que no juegues un partido. Así que opina Nando ¿Cuál es tu voto?.
Fernando se encogió de hombros. Desde que se seccionó la lengua con sus propios dientes por un porrazo en la mandíbula parecía ajeno a todo, no podía hablar pero tampoco parecía preocuparle. Ensimismado  votó en blanco con su desidia. A Gerardo el comportamiento le preocupaba, pero en los partidos jugaba aceptablemente y eso era lo único importante.
-Recuento: voto nulo, favor del Paso y NV… -Le habló a David que permanecía ajeno a la conversación absorto en sus pensamientos: -David has escuchado –Pasaron los segundos y no obtuvo respuesta. –¡Eh David me escuchas!
David despacio volvió la cabeza mientras una melancólica sonrisa acompañaba a su mirada perdida, inspiró alzando la vista directamente al Piquero: -Fran no te falta razón en intentar cubrirnos la derrota, pero NV no creo que aceptara un desafío si estoy yo en el equipo. En caso de aceptar sería no antes de una semana. Ya llevamos dos días mal comiendo, esta noche la mitad de nosotros jugaremos con solo el desayuno. Si no os mata el partido lo hará el hambre. Hay que ganar al Paso como sea.
No se debatió ni un ápice, se terminaron los tés y Gerardo encaminó sus botas a través de las callejuelas; llenas de chabolas, remolques vivienda y el amasijo de tiendas que formaban la polvorienta ciudad del Paso. Delante de un edificio restaurado y con guardias armados en la puerta rezaba un cartel con un tachado a brocha: Gremio Tienda informática APP (Apuestas, protección y prestamos).
Salivó los dedos y atusó sus pobladas cejas, se chafó el desvencijado pelo canoso y aplastó la barba. No mejoró en nada su presencia pero para sus adentros se sintió más presentable, con cara de convencimiento entró en el gremio. Su partido se jugaba aquí, hoy no le romperían los huesos, ni le sangraría la nariz, no era jugador… Era el entrenador arreglador. Si él pifiaba en la negociación de beneficios, no importaría cual gloriosa fuera la victoria. Porque al fin y al cabo el Juego nada tenía que ver con el deporte del pasado ni las sumas millonarias… Todo se resumía en: Ganar, sobrevivir y poder jugar para comer otro día.
A las horas atardeció arropando con oscuridad las dos Valencias. Hiru conducía con cuidado de no forzar el motor y evitar en la mayor medida todo tipo de sonido, dentro de la cabina con cristales opacos; un entorno virtual en tonos pistacho mostraban el mapa de la ciudad y demás ayudas para una conducción casi a ciegas. Volanteaba entre las calles dirigiéndose al Paso.
El ajetreo que mostraba el Paso la extrañó, las otras veces que había estado era un ir y venir de gente en las primeras horas nocturnas, pero se cocía un ambiente diferente más caótico de lo acostumbrado. Giró a su derecha y sin cola de vehículos entró en las inmediaciones del estadio a medio terminar del deporte rey de principios de siglo.
-Hacía mucho que no te veíamos por aquí pelo morado, ¿Cuántos días tienes pensado quedarte? –Comentó con voz amigable uno de los soldados de la entrada al estadio-parking.
-Hola que tal Fernando… umm ¿Alberto? Esto… ¿Felipe? Sí, ya lo tengo ¡Andrés!
-Espero que recuerdes mejor el nombre de tu padre… Bueno. ¿Cuántos días de parking y con qué piensas pagar?
-Con trueque. Ten esta mascara anti-gas está en perfecto estado, digamos tres días.
El guardia se dio la vuelta con la máscara y se encaminó dentro de una garita. A los pocos minutos regresó: -Me dicen que solo te dan 48 horas ni una más.
-Tu superior es un usurero cada vez cobra más caro y si necesito un parking es porque en vuestra ciudad rodeada de muros os cuesta mínimo dos días identificarme, y permitirme la entrada, cuando una y otra vez comercio con vosotros sin levantar el más mínimo altercado. No es justo y si pasa como hace un mes, que me dieron permiso de entrada el tercer día ¿Qué pasa, me toca pagar parking de nuevo por vuestro retraso?
-Pelo morado cuéntale tu vida a otro, eres veterana en esto, sabes que no depende de mí la tasación del trueque, me importa una mierda si se encarece. Si aceptas pasa y si no, da la vuelta y deja de dar por el culo.
-Acepto y ¡joder! Cada día NV se parece más a una puta ciudad de antes, es que ya ni protestar se puede.
-No es buen momento para protestas. Hoy ha llegado un equipo de Juego al Paso y los que estamos de turno no vamos a poder verlo y eso cabrea, de ahí la tasación a la baja. No te lo tomes a mal es lo que hay.
-Acabáramos, por eso está rara la ciudad… Muy interesante –Y frunció el ceño.
-Más que interesante guapa, corre el rumor que su defensa izquierdo es el mismo Rey David, si eso es cierto puede ponerse muy curiosa la situación.
Por un momento fue un shock escuchar al guardia, pero puso cara de póker: -Me trae sin cuidado el Juego y no se quien es ese Rey como se llame. Levanta la valla de una vez.
Conforme conducía por el estadio y encontraba un hueco donde antes crecía césped los recuerdos bombardearon a Hiru. Tomó una decisión, no solía callejear por el Paso nocturno nada bueno traían esos paseos, pero si ese era David, tenía que verlo y hablar con él. Llevó su mano al Ojo de Estambul para juguetear con los dedos y el colgante mientras meditaba. Pero…
-Joder, ostia, ¡mañana tengo que encontrarlo como sea!…

Dentro del muro, un hombre de edad avanzada corría a través de las extensiones de campos mientras intentaba aclarar ideas. El footing había acompañado al Sr. Monforte a lo largo de todas sus grandes decisiones, hoy era uno de esos días. Cenaría reunido con dos de los consejeros de Nueva Valencia, tenía que tomar una dirección a seguir después de los preocupantes informes recibidos en los últimos días.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz chillona y joven. Sin parar de marchar en el sitio, se detuvo para que el muchacho lo alcanzara, la bicicleta del cartero paró delante de él fusilándolo con la luz que desprendía el faro alojado en el manillar, gestionado energéticamente por la cinética del pedaleo. En el suelo se reflejó la imponente figura del mandamás de la ciudad mientras se frotaba los ojos y meneaba la cabeza en modo de negación. El joven acalorado notó lo inoportuno del aparcamiento.
-Disculpe excelencia –Dijo mientras giró el manillar evitando cegar al Alcalde –Tengo una nota urgente de Don Diego Quiroga de Soto Mayor.
No pudo evitar mostrar una sonrisa entre dientes bien disimulada por su estilizada barba, al escuchar el nombre completo de uno de sus consejeros << Solo le ha faltado mencionar sus títulos nobiliarios >> pensó. –Veamos qué quiere de mí el bueno de Don diego, respira y toma aire mientras decido si precisa respuesta.
Estimada Excelencia.
Le informo por si no se ha hecho eco de la noticia, que esta noche la ciudad del Paso celebrara un partido del Juego.
Añadir que mis informadores me han asegurado que el jugador conocido en antaño como Rey David participará en el evento alineado por el equipo nómada.
¿Continuamos con la reunión prevista, coincidente en hora con el partido o va a ser pospuesta?
Un cordial saludo.

Meditó por unos instantes y se percató que estaba totalmente estático, dejando enfriar el cuerpo por el fresco aire que arrecia en la huerta al atardecer. Sin mucha más dilación respondió al mensaje de palabra con un escueto: -Dile a Don diego que tengo que hablar con él en privado, que se dirija a mi casa de inmediato. –Dicho esto reanudó la carrera mientras realizaba movimientos con los brazos para entrar más rápido en calor.







       Hiru Capítulo 3: A vista de cuervo


                                                                   Dibujo Óscar Font y Color Pablo DeScals


Ataviada con una manta rasgada a modode poncho, Hiru callejeaba por las cercanías del mercado del Paso. El atuendo no solo laprotegía del húmedo clima valenciano, era una doble medida de seguridad, camuflaba su arma de ojos recelosos y en caso de necesitarla tenía asegurado el factor sorpresa.El mercado del Paso había sido despejado; caravanas, carros y escombros delimitaban el obtuso rectángulo de juego. La gente se aglutinaba a su alrededor. En los edificios circundantes que ejercían de palcos, podían verse las variopintas mafias de la pequeña ciudad, según la notoriedad accedían a edificios mejor situados. Todo esto no le terminaba de gustar demasiado. Bullicio mezclado con alcohol y drogas era un coctel de problemas para una mujer acompañada únicamente por un fusil de asalto. Aprovechándose de sus ciberópticos, buscó un sitio elevado y bastante alejado, se recostó en la penumbra y desde allí amplió el zoom al máximo oteando todo lo que sucedía sin prestar atención a nada en particular, emulando a los cuervos subidos en las señales de las autopistas.
El ir y venir de los corredores de apuestas con sus gritos y alabanzas a los jugadores incentivaban al ya de por sí caótico público. Empezaron a encenderse las primeras antorchas al tiempo que unos subalternos clavaban los palos que delimitarían la zona válida para anotar.
 A través de la muchedumbre se abrió un pasillo para dejar pasar a los jugadores, en medio del campo ambos equipos saludaron y cada uno de ellos seleccionó un espacio para equiparse sin prisa. Las armaduras estaban compuestas por diferentes tipos de piezas de otros deportes del pasado, formando collages defensivos mitigadores de daño.Con los ojos puestos en los rivales nómadas el equipo oficial del Paso se preparaba en silencio. Gran parte del miedo o bravura pre partido, era otorgada al saber contra que armaduras y armas iban a enfrentarse.
Los nómadaspusieron una mochila armario en el centro del circulo y de él extraían partes de corazas que el más viejo de ellos abrochaba mientras por lo bajo mantenían una conversación táctica.
-Jugaremos defensivos; la novata lo único que tiene es velocidad, no podemos pretender un ataque en testudo que es a lo que estamos acostumbrados. –Se paró para tomar aire y abrochar una cinta de cuero que se le resistía.




                                                                                                    Testudo



Prosiguió con su arenga. -Si perdiéramos el ITen su campo nos faltaría ligereza para neutralizar el otro corredor.  Y ella es imposible que lo frene aunque lo alcance su corredor lleva más armadura y mínimo pesara veinte kilos más. –Apuntó el viejo Gerardo mientras ataviaba las clavijas del peto reforzado de David.
-Aquí se juega el saque al estilo Montana; todos salimos del final del campo a la altura donde clavan los palos corriendo a por el IT del centro. Si queremos jugar defensivos y al contragolpe tenemos que avanzar como máximo a mitad campo, por si su corredor pasa la línea que uno de nosotros pueda pararlo retrocediendo. Sera mejor cederles el IT de inicio. –Dijo David mientras cogía su escudo y envainaba eltonfa.


                                                                                                     Tonfa



-Puedo llegar antes que su corredor al IT y retroceder con él, como ha dicho el viejo soy rápida.
-¡No! -le reprochó el que se hacía llamar a si mismo Dagon, -si eres interceptada mientras corres hacia nosotros, su corredor te partirá el espinazo y el partido se terminará en ese momento. Haz como que corres pero déjale ganar y retrocede. Ya tendrás tu momento cuando recuperemos la posesión y a la contra pillándoles desprevenidos. –La muchacha bajó la mirada al suelo con mueca de negación, no le había gustado nada que el equipo no confiara en su mejor cualidad.
Mientras terminaban las conversaciones técnicas otro individuo ajeno a los dos equipos invadía el terreno y se situaba entre ellos. Hiru quedó pasmada al visualizarlo: Andaba con una notable cojera, su pierna derecha era cibernética, pero no requería ser un audaz observador para percatarse que era un implante post-apocalíptico. En la era de las corporaciones, las ciberpiernas se fabricaban a medida y funcionaban incluso mejor que las propias. La pierna que lo hacía cojear desde la distancia se podía apreciar que en tiempos mejores perteneció a una persona bastante más alta, semejantes chapuzas eran comunes en el Paso. Pero ahí no terminaba la aberración, su brazo derecho no era de carne ni metal, no pudo concretar el material pero tenía una rigidez sospechosa que daba a presuponer que era de un maniquí plástico. El rostro lo cubría parcialmente con una tela enganchada a unas gafas de sol sin patillas, sujetas por una goma elástica alrededor de la cabeza. Cuando se detuvo dio un fuerte estirón a la correa extensible que llevaba en su mano sana. Al otro extremo de la correa; un niño con un collar de perro alrededor del cuello, arrastraba un carrito abriéndose paso entre la multitud. El interior del carro contenía con un gran altavoz y piezas de viejo hardware pertenecientes a un destripado ordenador clónico.
Cuando ambos estuvieron a la misma altura, el muchacho le dio un cable coaxial que introdujo debajo del pañuelo de las gafas y lo enroscó a una clavija adosada al cuello, con un gesto de mano metió prisa al zagal.
Situándose de rodillas, el harapiento muchacho con ambas manos giró repetidas veces una manivela creando la suficiente energía para arrancar el despiezado equipo. De las placas base y otros artilugios conectados comenzaron a salir chispas y el bizarro invento se encendió.
-¡Señores y señoras! –El sonido amplificado salió del gran altavoz con una voz familiar para todos; el tono robótico de loquendo.
El presentador continuó moviendo los labios a la vez que en toda la zona se le escuchaba alto y claro.
-Aquí os traigo el balón, pieza de juego, o el eso. Conocido en todo el mundo todo el mundo por el IT – Sacó del carro un amasijo de trapos liados con cinta americana en forma ovoide, intentando parecerse a una clásica pelota de rugbi.
-Aunque todos conocéis las reglas –Dijo mientras se rascaba usando con mano rígida la oronda barriga por un roto de la camisa –Voy a repasarlas: A cada lado del campo dos palos clavados en el suelo más o menos a un metro de separación, ahí es donde el corredor tiene que llegar con el IT, solo el corredor que va desarmado puede tocar el balón, los demás pueden ir con armas contundentes. No se permiten los miembros implantados, ni las armas cortantes o punzantes, y… -Se quedó pensativo- ¡Y ya está! Esas son todas las reglas.
Terminó la presentación y cojeando como había llegado emprendió camino dejando el Esoen el suelo justo en medio de ambos campos despidiéndose con el clásico; -¡Qué comience el partido! –Siendo aclamado por todos los espectadores. El equipo del Paso andando despacio mientras levantaban los brazos y era aclamado por el público se dirigió al final de su campo.
-Escuchadme todos –Dijo David –Los más veteranos ya sabéis lo que voy a deciros, pero es algo crucial para vosotros y para la nueva. No es un partido más, los equipos nómadas no tenemos partidos de trámite. Cuando las fuerzas mengüen, cuando todo vuestro físico os diga que os quedéis tumbados y no os levantéis, olvidarlo, no tenemos esa opción. Qué más da morir en el campo a morir en unas semanas de hambre si perdemos. Esto no es un partido más. Esto es ganar o morir, no hay más, todo se resume en eso. ¡Ganar o morir!
El balón de la era apocalíptica el bautizado como IT, en solitario miraba sin ojos a los dos equipos en su línea de palos, ambos expectantes con el cuerpo avanzado esperando el disparo que lanzara el encuentro.
En uno de los balcones privilegiados un hombre alto y delgado con una rasurada barba negra con terminaciones canosas en la base del mentón se levantó, acostumbrado a una posición de mando hizo caso omiso a las múltiples miradas que se giraron hacia él, cargó con parsimonia la pistola de bengalas y sin mirar a la muchedumbre el jefe de los Portuarios, banda que tenía tomado el viejo puerto de Valencia, disparó al cielo dando comienzo al encuentro.




                              Hiru Capítulo 3.1: El partido


                                                             Dibujo Óscar Font y TintaPablo DeScals


La novata salió como una gacela en dirección al círculo central, Nando apodado El silenciosocorrió la banda derecha y David hizo lo mismo por la izquierda. El centro era deDagon acompañado por elpiquero nigeriano dispuesto a maniobrar donde se le necesitara.
El equipo del Paso marchóen grupo,por el centro a la carrera con las armas envainadas ganando metros. Todos avanzaron más que sus homónimosnómadas salvo el corredor, que en comparación, llevaba un par de metros menos que la novata nómada.
La muchacha no aminoró la marcha incumpliendo las indicaciones técnicas, llegó la primera al IT. Frenó en seco dejando un rastro de polvo, mientras se daba la vuelta cogió el balón y galopó hacia sus compañeros. El público exclamó alabando la velocidad de la corredora. Camuflado con el griterío, Gerardo maldijo en voz alta la jugada.
El movimientosorprendió a toda la dotación nómada, pero como veteranos que eran sabían maniobrar en conjunto rápidamente, improvisando. No estaba en sus planes poseer el IT tendrían que actuar con soltura. Dagon apretó la marcha para cubrir el retroceso de la portadora.
El corredor del Paso esprintó. Los dos metros de ventaja de la carrera inicial no fueron suficientes para escapar de él. El tiempo perdido la inexperta corredora en frenarse y recoger el Eso, más el peso de la piedra que siempre envolvían en telas para forrarla en cinta, fueron suficientes para que la novata fuera interceptada. El corredor se le echó encima placándola por la espalda.
Rodaron un par de veces, la diferencia de pesos y la masa muscular decantaron el lance.El corredor del Paso posicionándose encima de ella; Propinó un puñetazo en el costado para dejarla sin aire, al tiempo que con su otra extremidad, impactó con el codo en el rostro. Cortándole el parpado que al instante se puso a sangrar abundantemente. Acto seguido cargó el brazo y con la parte blanda del puño golpeó el cráneo. No era un golpe que buscara la letalidad, buscaba aturdirla de manera rápida.
El daño del costado cesó al sentir el impacto en la frente,y el chocar de su cabeza contra el suelo por el rebote. La visión del ojo sano se nubló y por un momento dejó de escuchar a la muchedumbre. Sintió como sus manosperdían presión sobre el IT.
El corredor ya poseedor del balón se levantó y chutó literalmente la cabeza de la corredora dejándola K.O. Su intención era patearla con el talón de la bota pero su equipo quedaba varios metros retrasado, Dagon armado con escudo y bastón de madera entraba casi en su distancia. Puso tierra de por medio;retrocediendo a su campo a toda prisa, en dirección a la banda izquierda, donde dos defensas se habían desplazado para aguardarle.
El gordo Dagon tuvo que frenarse, perseguir al corredor dejaría al descubierto a su compañera abatida y tenía que reanimarla. Clavó el escudo en tierra y en cuclillasla abofeteó para recuperarle la conciencia.
El silencioso fruncióel ceño debajo del casco y tragó saliva, al ver de cerca el arma que portaba a dos manos el jugador con el que lehabía tocado bailar, en la banda derecha. Era una enorme maza, manufacturada mucho antes que se presionara el botón rojo y el mundo se fuera por la cisterna. Esa arma había sido construida en acero por maquinaria industrial. Ninguna protección de su cuerpo ni tan siquiera el escudo demadera, podían contener un impacto directo. Era más normal de lo que les gustaría a los equipos nómadas, enfrentarse a armas no del todo legales. La regla de solo contundentes se extralimitaba en los equipos de ciudad. Armado con una defensa de goma dura y el endeble escudo, reguló para no dejarlo pasar, pero tampoco se puso al alcance de cruzar golpes. Iba a ser una banda de difícil contención, sino imposible. Solo le quedaba retrasar lo máximo posible y esperar que sus compañeros acudieran en su apoyo.
Por el centro el único jugador del Pasocon escudo y arma de mano, se dirigía donde Dagon intentaba de manera desesperada reanimar a la muchacha, que había desencadenado el principio del fin. El público regocijado en este mar de violencia y sangre veía complacido como su equipo se hacía dueño del partido.
David indicó al nigeriano armado con la pica que acudiera a su banda, la izquierda. Para ayudarlo a contener a los dos defensas que escoltaban al portador del balón. El nigeriano situándose a la espalda de David algo más retrasado,cubría la salida del corredor en caso que pusiera pies en polvorosa.  El piqueropodría derribarlo con el gancho, esa táctica defensiva condenabaal Rey David a un enfrentamiento contra los dos escoltas.




                                                                                                  Pica de juego



No tardaron en situarse a distancia de contienda. Los jugadores del Paso armados con sendos bates de beisbol, lanzaban ininterrumpidos golpes, que como buenamentepodíabloqueaba con su escudo metálico, o desviaba ayudado por el tonfa del brazo armado. Cediéndoles terreno cuando esquivaba en lugar de bloquearles, iban penetrando cada vez más en suelo nómada.
En el centro Dagonrecurrió a una capsula de “sales”,guardada en su guante para situaciones extremas: Dejó la porra en el suelo, con los dedos de una mano la rompió y la pasó por la nariz de la joven. Su otro brazo alzó el escudo; para detener el puntapié que en carrera intentó golpearle.
Al inhalar las sustancias “mágicas”, como un resorte la corredora se incorporó. Dagon cogióun puñado de barro con polvo adosado y lo arrojó sobre la cara del enemigo, que ya alzaba el arma para golpearle. La tierra no llegó a introducirse en los ojos, ni tan siquiera estuvo cerca.  Pero ese segundo de distracción fue suficiente. Saltó sobre él y placándolo por la cintura, el empuje del grueso Dagon hicieron que ambos rodaran suelo. Donde puñetazos, cabezazos y estirones eran las nuevas armas de la pelea.
Lo inevitable sucedió en la banda derecha; un martillazo poderoso destrozó el escudo de madera del silencioso. Sin protección a merced del destino; recibió una patada frontal en todo el pecho sacándolo fuera del campo, cayó las cruentas manos delpúblico. Sumidos en el éxtasis de la sangre, la lucha y la muerte; empujaron al jugador nómada de nuevo al campo y totalmente desestabilizado. Tal como entró en el terreno de juego, el portador de la maza aprovechó la situación para golpear en la pierna de apoyo. El golpe hizo añicos la rodilla doblándole la pierna hacia dentro.
La novata sentada sobre el suelo percibió que le costaba respirar,su saliva sabía a hierro y arena. Tornó la mirada a la posición de David: Para ver cómo después de bloquear un golpe con el escudo, no pudo aferrarse a su arma de mano y el otro bateador del Paso lo desarmaba al chocar maderas. En ese instante el corredor salió disparado y esquivó  con un rodamiento el intento de zancadilla del piquero nigeriano.
La banda derecha no iba mejor, incapacitado para andar y gritando sonidos ininteligibles propios del que no tiene lengua, el macero del Paso dio por zanjadoese lance. Miró al centro, para ir al refuerzo del que se peleaba a puños y luxaciones de suelo. Dio el primerpaso y notó como le apresaban la pierna por detrás. El tullido sin lengua y ahora sin rodilla se había lanzado ala desesperada,rodeaba su pierna con ambas manos en un vago intento por detener la marcha, sin defensa y sumiso a recibir el correctivo que fuera.
El jugador del Paso golpeó con tino quitándole el casco e indicando sin palabras; que si no le soltaba tendría que pasar a mayores. Era común ese tipo de lenguaje en lances ya finalizados, el juego trataba de anotar un punto con el IT, no de asesinar sin contemplaciones. Pero el mudo agachó la cabeza y se aferró más fuerte. En pie sorprendido por el alarde de valor quedó pensativo mientras desde la banda, como si se tratara de un aquelarre se escuchaban peticiones a gritos: -¡Mátalo!¡Deletéalo! ¡Termina con él!– Alzó la maza y asestómortalmente, partió el cráneo con un seco sonido que se escuchó por encima del griterío de la gente. Los sesos salpicaron indiscriminadamente,el cuerpo con un latigazo nervioso expiró de vida, aflojandola presión que ejercía sobre las piernas del verdugo.
La muchacha se estremeció en la distancia con la aberrante ejecución de su compañero. Sintió impotencia y rabia. Al tiempo que por el rabillo del ojo vio pasar a toda prisa al corredor en dirección a los palos. Sin darse cuenta casi robotizada, brincó hacia delante.  Apretando la mandíbula con fuerza y cerrando los puños por la ira –Ganar o morir - Se decía a si misma mientras recortaba metros entre ambos.
La banda derecha ahora estancada en dos luchas parejas, enfrentaba al piquero con el primer jugador con bate, ambos sin poderse vencer mutuamente. David había retrocedido un par de metros y solo actuaba a la defensiva. Armado únicamente con el escudo, sin arma de ataque resistía las acometidas del segundo bateador, que sin tregua le atacaba una y otra vez.
Encolerizada la joven nómada, alcanzó al corredor al borde de los palos. Saltó sobre su espalda y de nuevo rodaron por el suelo, era un deja vu del comienzo de partido. Está vez cambio el resultado, antes que la masa muscular y la fuerza masculina se apoderaran de la situación. Introdujo la oreja del jugador del Paso en su boca. Por un instante el corredor sintió el cálido tacto de la lengua sobre su cartílago, acto seguido, el irritante dolor de los dientes.
La novata con ojos encolerizados arrancó de cuajo la oreja. Incrédulo y confundido el corredor se desentendió del balón para encogerse mientras se palpaba la zona dañada. Soltando toda la rabia del interior de las entrañas. La muchachaescupió la oreja al tiempo que se levantaba, y le propinaba dos patadas en el estómago. Cogió el IT, en ese instante de locurahabía dejado de ser una novata.
David vio a la corredora encaminarse en solitario. De poco serviría su acción si era interceptada por el jugador que había quedado libre, en la banda derecha, tras asesinar a su compañero de equipo. Dejó de retroceder y esperó el siguiente golpe, ya no era momento de jugar a la defensiva, ni de intentar salvaguardar el tipo.Tenía que jugársela a una contra y era en este preciso instante. El bateador del Paso golpeó con todas sus fuerzas de arriba abajo, al verlo inmóvil. David dejó el escudo en alto, pero no bloqueó en seco, lo acompañó con el escudo girando sobre sí mismo y desestabilizando a su adversario, que porinercia se inclinó hacia delante. Al rodar sobre sí y dejarlo pasar,cogió el escudo con ambas manos y golpeó con todas sus fuerzas la cabeza de su adversario, derribándolo de morros. El potente golpetazo hizo que el escudo saliera despedido dejando a David desarmado. No era un golpe letal, pero lo dejaría aturdido el tiempo necesario. Viendo que el piquero nigeriano ni hacía, ni deshacía y lo mismo sucedía con la pelea de suelo, recogió su tonfa y sin escudo se encaminó al último obstáculo. El acorazado de la maza, asesino de su compañero.
En mitad del campo se encontraron, David paró en seco desafiante.Gesticuló indicando a la corredora que frenara. Miró fríamente a su rival que balanceaba el arma luciéndose ante el público. << Pobre imbécil >> Pensó David.
 La mujer apretando el balón contra su pecho y jadeante,se volvió hacia todas partes para concebir una imagen general de la situación; por detrás de ella, el corredor rehecho se incorporaba con sed de venganza. La banda izquierda no resistiría ni diez segundos, el piqueroera carne de horca contra los dos bateadores. La pelea de suelo continuaba en tablas, Dagon tenía sujeto a su contrincante con una presa ahogándole por el cuello.
El Macero jugando con el tiempo a su favor andódespacio hacia David. Tímidamente el mote de Rey David afloró a modo de ánimo, entre una minoría de la masa asistente. Los vítores del público le recordaron la época que defendía los colores de Nueva Valencia… Tiempos de gloria olvidados para el jugador.
<<¡Sandevistan!>> Exclamó mentalmente mientras permanecíatotalmente inmóvil, dejando que su equipo neuronal cargara el potenciador de reflejos. El jugador de la maza andaba sin imaginar que David estaba usando elparón desafiante para ofuscar el tiempo, y rascarlos segundos que precisabasuglándula implantada, en suministrarle adrenalina sintética por el organismo.
El corazón del jugador nómada comenzó a bombear sangre por todo el cuerpo arrítmicamente sobre oxigenando los músculos. El clamor del público se tornó confuso, dilatado. El rival gruñó y cargó con la maza en alto. <<Solo un par de segundos más>> se dijo para sí mismo, y cerró los parpados envolviéndose con negrura.
2…1… Su cuerpo se estremeció con un espasmo y losmúsculos se tensaron hasta casi explotar. Sintió como si por los poros saliera una onda de energía que había mutado en su interior. Abrió los ojos despacio, dejando entrar la luz de la realidad. El mundo permanecía cristalizado y su visión se enturbiaba alrededor de un círculo de nitidez. Todo transcurría lento, todo era predecible, todo iba a sucumbir ante él.
El portador de la maza asestóun poderoso envite al inmóvil David. Llegó a creer que recogerían los huesos de la leyenda esparcidos por el campo.Justo cuando paladeaba el dulce sabor de la gloria, el jugadordel Paso parpadeó.
La impasible figura se desplazó a una velocidad prodigiosa.  Entró en distancia agachándose, dejando que el final congelado del mazazo diera al fantasma quehabía dejado tras de sí. Con el tonfa sujeto por ambas manos, golpeóel codo del adversario a la vez que se levantaba. El brazo del jugador del Paso se partió, acto seguido la maza por inercia salió despedida volando a varios metros lejosde la jugada.
El parpadeo había llegado a su fin a causa del trauma del codo, y con ojos abiertos pero sin posibilidad de respuesta;vio como incorporado el aclamado Rey David dejó caer sobre su hombro toda la fuerza del arma. El jugador del Paso incó la rodilla en tierra por el dolor de la clavículapartida. Pero no quedó  ahí el correctivo.
Siguiendo la estela de la combinación de ataque; David extendió los brazos y sujetó fuertemente la cabeza.  Mientras dejaba caer su arma, para así tener mejor agarre. Tomando aire, a placer golpeó el mentón del jugador del Paso con la rodilla.
El contundente rodillazo desencajó la mandíbula, provocando un devastador choque de dientes, los molares se hicieron añicos los unos con los otros y los dientes inferiores que sobrevivieron al entuerto con sus semejantes se incrustaron en el paladar. Mientras el amasijo de marfil pulverizado fue ingerido a través dela garganta, desgarrando los anillos cárnicos de la tráquea.
Con odio David separó las manos de la cabeza de su rival, dejando caer el cuerpo en estado de shock. Con una mirada que aterró hasta a la jugadora de su mismo equipo dijo: -¡Corre!
La muchacha tardó una fracción en asimilar la brutalidad contemplada o más bien intuida, dado que la rápida ejecución había superado su percepción.  Pero no era momento de pensar, solo de correr, de correr hacia la victoria.



Recuerden que esta historia, Hiru, esta basada en la novela principal llamada Post-Cyberpunk, la cual pueden leer y seguir en el blog del autor haciendo click aquí

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